jueves, 21 de agosto de 2008

Kashmir (Led Zeppelin







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KASHMIR by Led Zeppelin
Oh, que el sol golpee mi cara y las estrellas llenen mis sueños
Soy un viajero del tiempo y el espacio, para estar donde ya he estado
Para sentarme con los ancianos de una raza gentil, que este mundo apenas ha visto
Hablan de dias para los que se sientan y esperan y todo será revelado
 
Hablas y canciones en lenguas de grácil acento, cuyos sonidos acarician mi oído
Pero no podría relatar nada de lo que oí, la historia estaba muy clara
Oh, oh...
 
Oh, he volado... mami, no cabe duda
He volado, no hay duda...
 
Todo lo que veo se vuelve marrón mientras el sol quema el suelo
Y mis ojos se llenan de arena cuando miro esta tierra desgastada
Intentando encontrar dónde he estado
 
Oh, piloto de la tormenta que no deja huella, como los pensamientos dentro de un sueño
Sigue el camino que me llevó a ese lugar, arroyo amarillo de desierto
Mi Shangri-la bajo la luna de verano, volveré de nuevo
Tan cierto como el polvo que flota en lo alto, al cruzar Kashmir
 
Oh, padre de los cuatro vientos, hincha mis velas al cruzar el mar de los años
Sin más provisión que una cara abierta, a través de los estrechos del miedo
Oh...
 
Cuando estoy en camino... cuando veo el camino donde tu estás
Oh, si, cuando estoy hundido, tan hundido...
Oh, nena, déjame llevarte allí...
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Oh let the sun beat down upon my face, stars to fill my dream

I am a traveler of both time and space, to be where I have been

To sit with elders of the gentle race, this world has seldom seen

They talk of days for which they sit and wait and all will be revealed



Talk and song from tongues of lilting grace, whose sounds caress my ear

But not a word I heard could I relate, the story was quite clear

Oh, oh.



Oh, I been flying... mama, there aint no denyin

Ive been flying, aint no denyin, no denyin



All I see turns to brown, as the sun burns the ground

And my eyes fill wit
h sand, as I scan this wasted land

Trying to find, trying to find where Ive been.



Oh, pilot of the storm who leaves no trace, like thoughts inside a dream

Heed the path that led me to that place, yellow desert stream

My Shangri-la beneath the summer moon, I will return again

Sure as the dust that floats high and true, when movin through Kashmir.



Oh, father of the four winds, fill my sails, across the sea of years

With no provision but an open face, along the straits of fear

Ohh.



When Im on, when Im on my way, yeah

When I see, when I see the way, you stay-yeah



Ooh, yeah-yeah, ooh, yeah-yeah, when Im down...

Ooh, yeah-yeah, ooh, yeah-yeah, well Im down, so down

Ooh, my baby, oooh, my baby, let me take you there



Let me take you there. let me take you there
 

domingo, 10 de agosto de 2008

No se culpe a nadie


El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo. Parecería que no lo es porque apenas la lana del pulóver se ha pegado otra vez a la tela de la camisa, la falta de costumbre de empezar por la otra manga dificulta todavía más la operación, y aunque se ha puesto a silbar de nuevo para distraerse siente que la mano avanza apenas y que sin alguna maniobra complementaria no conseguirá hacerla llegar nunca a la salida. Mejor todo al mismo tiempo, agachar la cabeza para calzarla a la altura del cuello del pulóver a la vez que mete el brazo libre en la otra manga enderezándola y tirando simultáneamente con los dos brazos y el cuello. En la repentina penumbra azul que lo envuelve parece absurdo seguir silbando, empieza a sentir como un calor en la cara aunque parte de la cabeza ya debería estar afuera, pero la frente y toda la cara siguen cubiertas y las manos andan apenas por la mitad de las mangas. por más que tira nada sale afuera y ahora se le ocurre pensar que a lo mejor se ha equivocado en esa especie de cólera irónica con que reanudó la tarea, y que ha hecho la tonteria de meter la cabeza en una de las mangas y una mano en el cuello del pulóver. Si fuese así su mano tendria que salir fácilmente pero aunque tira con todas sus fuerzas no logra hacer avanzar ninguna de las dos manos aunque en cambio parecería que la cabeza está a punto de abrirse paso porque la lana azul le aprieta ahora con una fuerza casi irritante la nariz y la boca, lo sofoca más de lo que hubiera podido imaginarse, obligándolo a respirar profundamente mientras la lana se va humedeciendo contra la boca, probablemente desteñirá y le manchará la cara de azul. Por suerte en ese mismo momento su mano derecha asoma al aire al frío de afuera, por lo menos ya hay una afuera aunque la otra siga apresada en la manga, quizá era cierto que su mano derecha estaba metida en el cuello del pulóver por eso lo que él creía el cuello le está apretando de esa manera la cara sofocándolo cada vez más, y en cambio la mano ha podido salir fácilmente. De todos modos y para estar seguro lo único que puede hacer es seguir abriéndose paso respirando a fondo y dejando escapar el aire poco a poco, aunque sea absurdo porque nada le impide respirar perfectamente salvo que el aire que traga está mezclado con pelusas de lana del cuello o de la manga del pulóver, y además hay el gusto del pulóver, ese gusto azul de la lana que le debe estar manchando la cara ahora que la humedad del aliento se mezcla cada vez más con la lana, y aunque no puede verlo porque si abre los ojos las pestañas tropiezan dolorosamente con la lana, está seguro de que el azul le va envolviendo la boca mojada, los agujeros de la nariz, le gana las mejillas, y todo eso lo va llenando de ansiedad y quisiera terminar de ponerse de una vez el pulóver sin contar que debe ser tarde y su mujer estará impacientándose en la puerta de la tienda. Se dice que lo más sensato es concentrar la atención en su mano derecha, porque esa mano por fuera del pulóver está en contacto con el aire frío de la habitación es como un anuncio de que ya falta poco y además puede ayudarlo, ir subiendo por la espalda hasta aferrar el borde inferior del pulóver con ese movimiento clásico que ayuda a ponerse cualquier pulóver tirando enérgicamente hacia abajo. Lo malo es que aunque la mano palpa la espalda buscando el borde de lana, parecería que el pulóver ha quedado completamente arrollado cerca del cuello y lo único que encuentra la mano es la camisa cada vez más arrugada y hasta salida en parte del pantalón, y de poco sirve traer la mano y querer tirar de la delantera del pulóver porque sobre el pecho no se siente más que la camisa, el pulóver debe haber pasado apenas por los hombros y estará ahi arrollado y tenso como si él tuviera los hombros demasiado anchos para ese pulóver lo que en definitiva prueba que realmente se ha equivocado y ha metido una mano en el cuello y la otra en una manga, con lo cual la distancia que va del cuello a una de las mangas es exactamente la mitad de la que va de una manga a otra, y eso explica que él tenga la cabeza un poco ladeada a la izquierda, del lado donde la mano sigue prisionera en la manga, si es la manga, y que en cambio su mano derecha que ya está afuera se mueva con toda libertad en el aire aunque no consiga hacer bajar el pulóver que sigue como arrollado en lo alto de su cuerpo. Irónicamente se le ocurre que si hubiera una silla cerca podría descansar y respirar mejor hasta ponerse del todo el pulóver, pero ha perdido la orientación después de haber girado tantas veces con esa especie de gimnasia eufórica que inicia siempre la colocación de una prenda de ropa y que tiene algo de paso de baile disimulado, que nadie puede reprochar porque responde a una finalidad utilitaria y no a culpables tendencias coreográficas. En el fondo la verdadera solución sería sacarse el pulóver puesto que no ha podido ponérselo, y comprobar la entrada correcta de cada mano en las mangas y de la cabeza en el cuello, pero la mano derecha desordenadamente sigue yendo y viniendo como si ya fuera ridiculo renunciar a esa altura de las cosas, y en algún momento hasta obedece y sube a la altura de la cabeza y tira hacia arriba sin que él comprenda a tiempo que el pulóver se le ha pegado en la cara con esa gomosidad húmeda del aliento mezclado con el azul de la lana, y cuando la mano tira hacia arriba es un dolor como si le desgarraran las orejas y quisieran arrancarle las pestañas. Entonces más despacio, entonces hay que utilizar la mano metida en la manga izquierda, si es la manga y no el cuello, y para eso con la mano derecha ayudar a la mano izquierda para que pueda avanzar por la manga o retroceder y zafarse, aunque es casi imposible coordinar los movimientos de las dos manos, como si la mano izqulerda fuese una rata metida en una jaula y desde afuera otra rata quisiera ayudarla a escaparse, a menos que en vez de ayudarla la esté mordiendo porque de golpe le duele la mano prisionera y a la vez la otra mano se hinca con todas sus fuerzas en eso que debe ser su mano y que le duele, le duele a tal punto que renuncia a quitarse el pulóver, prefiere intentar un último esfuerzo para sacar la cabeza fuera del cuello y la rata izquierda fuera de la jaula y lo intenta luchando con todo el cuerpo, echándose hacia adelante y hacia atrás, girando en medio de la habitación, si es que está en el medio porque ahora alcanza a pensar que la ventana ha quedado abierta y que es peligroso seguir girando a ciegas, prefiere detenerse aunque su mano derecha siga yendo y viniendo sin ocuparse del pulóver, sunque su mano izquierda le duela cads vez más como si tuviera los dedos mordidos o quemados, y sin embargo esa mano le obedece, contrayendo poco a poco los dedos lacerados alcanza a aferrar a través de la manga el borde del pulóver arrollado en el hombro, tira hacia abajo casi sin fuerza, le duele demasiado y haría falta que la mano derecha ayudara en vez de trepar o bajar inútilmente por las piernas en vez de pellizcarle el muslo como lo está haciendo, arañándolo y pellizcándolo a través de la ropa sin que pueda impedírselo porque toda su voluntad acaba en la mano izquierda, quizá ha caído de rodillas y se siente como colgado de la mano izquierda que tira una vez más del pulóver y de golpe es el frío en las cejas y en la frente, en los ojos, absurdamente no quiere abrir los ojos pero sabe que ha salido fuera, esa materia fria, esa delicia es el aire libre, y no quiere abrir los ojos y espera un segundo, dos segundos, se deja vivir en un tiempo frío y diferente, el tiempo de fuera del pulóver, está de rodillas y es hermoso estar así hasta que poco a poco agradecidamente entreabre los ojos libres de la baba azul de la lana de adentro, entreabre los ojos y ve las cinco uñas negras suspendidas apuntando a sus ojos, vibrando en el aire antes de saltar contra sus ojos, y tiene el tiempo de bajar los párpados y echarse atrás cubriéndose con la mano izquierda que es su mano, que es todo lo que le queda para que lo defienda desde dentro de la manga, para que tire hacia arriba el cuello del pulóver y la baba azul le envuelva otra vez la cara mientras se endereza para huir a otra parte, para llegar por fin a alguna parte sin mano y sin pulóver, donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe y lo acaricie y doce pisos.

Julio Cortázar, 1956.

jueves, 7 de agosto de 2008

Un regalo

Mi amigo Antonio me ha regalado este vídeo de imágenes de mi eterna Marilyn Monroe. Gracias compañero.
Tiene música de Dolly Parton, que le gusta a él. Para tí Dolly, para mi Marilyn. Un reparto justo, jeje. Un abrazo.
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martes, 5 de agosto de 2008

Los papiros de Hekanakhte


Los papiros de Heqanakhte, son un conjunto de ocho documentos (cinco Cartas y tres Hojas o informes de cuentas), además de unos cuantos fragmentos que probablemente también formaran parte de hojas de cuentas. En ellos se recogen las instrucciones de un terrateniente de la XI dinastía egipcia a sus agentes sobre la administración de su hacienda. Es una fuente directa donde se puede reconstruir el funcionamiento de una explotación pequeña en el Bajo Egipto en esta época: la hacienda principal ocupa el centro del esquema, con sus tierras adjuntas trabajadas por el propietario ayudado por otros trabajadores a sus órdenes. Estos trabajadores pueden a su vez tener concedidas ciertas cantidades de tierra para su explotación particular, a cambio de una cuota de explotación que pagarían al dueño. Este trabajo debió de ser parte privado y en parte comunal, siendo muy asumible que la responsabilidad fuera delegada por el propietario en otras personas en caso de ausentarse. Una de las tareas comunales debió ser el cuidado del ganado. El señor de una hacienda podía establecer una red de prestamos de grano y arriendos de otras tierras en su mismo lugar de residencia o fuera de él. Una misma tierra podía cultivarse con diferentes clases de productos, siendo los más importantes el trigo y el lino.

Un capítulo interesante es el de las transacciones comerciales. El trueque era el mecanismo usado por los egipcios, estableciéndose equivalencias de los distintos productos para posibilitar el cambio de éstas. El pago en tierras por trabajos realizados también se daba, como en el caso del propio Hekanakhte, que recibe tierras por sus labores en el culto funerario del visir Ipi.

Una conclusión que puede sacarse a través de los papiros es que parece que no existía una intervención estatal que regulara el comercio, esto es, de establecer precios y normas en los intercambios comerciales, y que ésta parece limitarse únicamente a recaudación de impuestos. Las únicas menciones reales son usadas para fechar informes, uso meramente anecdótico. Puede inferirse por ello que la gente más común vivía muy alejada de sus gobernantes.

Los papiros de Heqanakhte fueron hallados en Deir-el Bahari por la expedición de Winlock en 1921 y las referencias geográficas recogidas en ellos no nos son muy clarificadoras. Hekanakhte tiene su casa y principales propiedades en la aldea de Nebeseyet, cerca de un centro regional llamado Peraa’a, muy nombrado en las cartas y donde el granjero tenía tierras arrendadas. Las cartas fueron halladas en la tumba de Mesej, un dependiente del visir Ipi en Deir el Bahari, cerca de Tebas. Tanto ese centro regional como la aldea de Peraa’a están aún por localizarse.

Los papiros son fechados por James en el año octavo del reinado del rey Nebhepetra Mentuhotep III. Esto es, aproximadamente el año 2002 a. C.

Hekanakhte se encargara de organizar el culto funerario de su visir Ipi, que dejo a su muerte una tumba que quedaría inacabada en Deir el Bahari y una superficie de al menos 60 aruras (3,120 Km2 aproximadamente) para el mantenimientos de su culto funerario.

La información sobre las personas que rodeaban al terrateniente es muy limitada, aunque en ella se aprecian las relaciones familiares del terrateniente. Por orden de edad aparecen en primer lugar Ipi, su madre, a la que este dedica siempre palabras de respeto y Hetepet, su tía. Luego aparecen sus cinco hijos Merisu, el mayor y el principal responsable de las propiedades durante la ausencia de su padre; Sihathor, que ocuparía el segundo lugar en edad y responsabilidad, se encarga del arado de la tierra y en ocasiones lleva cartas a otros lugares; Sinebnut, el tercero, es el encargado del ganado, y es enviado en un par de ocasiones fuera de su aldea para abastecer de grano a su padre y a adquirir o ejercer derechos en diversas propiedades fuera de Nebeseyet acompañado por un personaje llamado Nakhte hijo de Heti, que si bien no es uno de los hijos de Hekanakhte, actúa como agente o capataz de éste y tiene claramente más responsabilidad que Sinebnut; por último, los más pequeños, Anupu y Snofru, comparten algunas tareas del cultivo de la tierra. Hekanakhte se muestra especialmente tolerante con los dos pequeños, especialmente con Snefru, al que concede todo lo que pide.

Un personaje que tiene un papel peculiar es la concubina de Hekanakhte (o segunda esposa, según Allen) tras la muerte o separación de su primera mujer, Iutenheb, una mujer calificada como hbswt, a la que los miembros de la casa maltratan, loque suscita las quejas de Hekanakhte y el despido de una criada, Senen.

Entre los vecinos de Hekanakhte se encuentra Hau el Joven, que ayuda a Merisu a encontrar un terreno en la localidad de Perha’a, y el destinatario de la Carta III (que nunca llegó a mandarse) Hrunufe, que es tratado como un igual, o incluso un superior, por Hekanakhte

Carta I: está dirigida a Merisu, responsable principal de las propiedades de Hekankahte en el Norte. Las causas de su marcha de Nebeseyet no son del todo claras, pero lo cierto es que está en el nomo tinita, cerca de Abydos. En ella se queja de que su tierra está inundada prematuramente, arruinando una cosecha anterior a la principal de primavera, regañando por ello a Merisu (James mantiene que esta carta esta escritaa primeros de agosto, cuando la inundación aun no ha llegado a su punto álgido); se dan instrucciones a Nakht y Sinebniut para cultivar unos terrenos con lino y alquilar otros

El modo en que los miembros de la casa tratan a la concubina o segunda esposa de Hekanakhte ocupa un importante papel dentro de la carta I. Despedida la sirviente Senen, el terrateniente insta a su familia y sirvientes a tratar con consideración a la mujer, amenazándoles con retirarles sus raciones de alimentos.

Carta II: dirigida a toda su casa en general y a Merisu y, indirectamente, a Heti hijo de Nakht. Empieza saludando a su madre Ipi y Hetepet (en la que Allen ve a su tia) y a todos los miembros de su casa en general. Pregunta por la inundación, comenta los salarios, que detalla seguidamente nombre a nombre, justificando y explicando. Luego aborda quejas de sus hijos pequeños, en las que toma partido siempre por ellos, diciendo que en particular a Snefru se le debe permitir hacer lo que quiera hacer. Vuelve a intervenir en el maltrato de Iutenheb, dando un último aviso a su parentela.

Hay que señalar que esta carta describe un cuadro de prosperidad en la hacienda de Hekanakhte en medio de una situación de carestía general ((“¡Mira! La tierra entera está echada a perder mientras vosotros no pasáis hambre”). Incluso dice una frase que llama la atención: “Aquí están empezando a comerse a los hombres”, que recuerda a una afirmación similar en la tumba de Ankhtyfy.

Carta III: Esta Carta apareció plegada, atada con una pequeña cuerda y con un sello, señal de que nunca fue mandada a su destino. Está dirigida a Hrunufe, Supervisor de Delta a pesar de que parece que vivía en el Valle, probablemente en Perha’a. El tono utilizado es muy distinto, ya que se dirige a un igual o superior en status

Carta IV: esta carta está escrita por Sitnebsekhtu, una mujer que escribe a su madre, de igual nombre, Ni ella ni su madre aparecen en las otras cartas del archivo, y la única relación con Hekhankhte es que esta carta fue encontrada con las otras y que pare ce escrita por el mismo escriba que las Cartas I y II.