jueves, 17 de marzo de 2011

El verdadero enemigo

El hombre siempre había odiado su cuerpo defectuoso. Por una extraña enfermedad, no podía sentir dolor físico en toda su piel, lo cual le causaba no pocos trastornos. Además su aspecto tampoco era especialmente agraciado, con lo que desarrolló durante muchos años un desapego total a su organismo: no cometía grandes excesos, pero tampoco se privaba de nada.

Para compensar, el hombre cultivó su mente. Estudió, leyó, escribió y desarrolló una sensibilidad hacia el arte mayor que la media de las personas de la sociedad decadente en la que vivía. Pero su deformidad física se traducía en inseguridad, que le impedía compartir esa cualidad. Cuando el milagro que todos tenemos dentro -quería creer que todos tenemos un talento- no se muestra es como un tesoro desconocido enterrado y nunca descubierto: no existe. El hombre pensaba que tenía cualidades intelectuales y emotivas, lo cual compensaba en parte la amargura que le causaba su deficiente salud. Esta amargura creció en él cada vez más porque que se dio cuenta de que su cuerpo no sólo no se recuperaría nunca, sino que se deterioraría cada vez con el simple paso del tiempo.

Pero lo que realmente mató al hombre fue descubrir que su mente. su intelecto, sus sensibilidad (lo que los especialistas llaman, con cierta pomposidad, "inteligencia emocional"), el único valor positivo que creía tener, había sido su verdadero enemigo: porque era la que le había hecho no aceptarse a sí mismo, con sus debilidades y deficiencias. Todo en él se rebeló, cuerpo, inteligencia y alma. Su cuerpo no podía sentir dolor físico superficial. pero aquel hombre conoció el dolor de la forma más profunda que nadie jamás podría conocer.

2 comentarios:

Ana dijo...

http://www.ted.com/talks/view/id/1042

Ana dijo...

¿Confundimos la vulnerabilidad con la debilidad?