"Se ha de titular así, porque es un tejido de maravillas". ("El sueño de una noche de verano", William Shakespeare. Acto IV, Escena I).
lunes, 26 de septiembre de 2011
CORAZÓN SIN TREGUA
Un pequeño intento, sólo eso, de recuperar el estilo de antaño
OJALA NO LATIERA TAN FUERTE
CON EL DOLOR DE NO SABER QUIÉN SOY
CON EL REFLEJO DOLOROSO DEL ESPEJO
CON LA IMPRESIÓN DE QUE NO HAY NADA
OJALÁ LATIERA ASÍ DE FUERTE
PORQUE TE RÍES CON ALGO QUE DIGO
PORQUE VEO EL AMOR EN TUS OJOS
PORQUE ME CURA EL BRILLO DE TU ALMA
jueves, 15 de septiembre de 2011
Memorias de vida
Hace no mucho tiempo he tenido la oportunidad de devolver a la memoria un cuento que me marcó en mi niñez más temprana, un cuento que está guardado en lo más profundo de mi pasado, donde el cerebro y el corazón infantil se funden. Escribí ese cuento tal y como lo recordaba, con la visión deformada por los más de 30 años que han pasado desde que lo leí de niño. Pero a la vez intentando encontrar dentro de mí a ese niño rubio con rizos que sentía muy cerca ese cuento, no al calvo maduro que soy ahora. Esto no me resulta difícil, porque tengo a ese niño muy presente siempre (pido a los dioses que siga ahí mucho tiempo). Ahora dejo un enlace con el cuento para que lo leaís, porque es demasiado largo para ponerlo aquí.
Yo no lo he vuelto a leer.Ni siquiera he leído la versión del recuerdo que he escrito recientemente, la tiene otra persona. Prefiero mantener esa golondrina, esa estatua, esa lágrima y el dibujo del libro que puedo evocar como si lo tuviera delante hoy en el centro de mi alma.
lunes, 15 de agosto de 2011
El hombre del agujero
Elina Malamud, escritora argentina.
Es el último eslabón de no se sabe quiénes. No conocemos su identidad, ni su nombre, ni la nación a la que pertenezca, dicho así en un subjuntivo oblicuo de desconcierto, de desconocimiento y de despertenencia, porque ya no tiene un pueblo al que pertenecer. Él es su solo pueblo y solo es de la selva, el Hombre del Agujero. Con ese nombre se lo conoce y así es su historia para nosotros: un hueco vacío que quizá no tengamos tiempo de llenar.
La antropóloga Fiona Watson, Directora de Investigación de Survival, una organización internacional que apoya a los pueblos indígenas de todo el mundo, concedió, desde Londres, una entrevista a Hecho en Buenos Aires para dar fe de lo que vio y oyó respecto de este solitario habitante de la selva.
En principio, Fiona Watson había viajado a Rondonia- el estado de la Amazonia brasileña cuyo nombre hace honor al General Rondón, aquel militar que puso, entre los primeros, sus ojos y su interés en salvaguardar las vidas y los derechos de los indígenas amazónicos - para conocer a los Akuntsu.
Los Akuntsu le ganan al Hombre del Agujero por cinco, si vale la ironía negra en una historia tan trágica. Hoy son una etnia de cinco, un pueblo amazónico constituido, según se colige, por cinco sobrevivientes que fueron contactados no hace mucho tiempo. Un video de Tribal Channel hace posible verlos en la web, a los cinco sobrevivientes. Danzan con simpleza natural entre sonrisas ingenuas. Seguramente tienen dioses y creencias, hacen el amor de una manera y tendrían sus reglas para recibir a los recién nacidos y despedir a sus muertos.
Tienen una manera de adornarse y una lengua para comunicar sus pensamientos, pero, por el momento, la antropóloga Watson nada puede contarnos sobre su idioma y su cultura... porque solo ellos las comprenden. Para nuestro mundo de este lado del verde, de este lado de la nueva sabana en que se va convirtiendo la selva amazónica, son una incógnita urgente hasta que los investigadores brasileños que están haciendo el estudio de campo logren conocerlas y descifrarlas, ojalá antes de que el último de los cinco desapareza.
Con movimientos de sus manos, gestos y llantos, gritos y sonrisas de devaluada esperanza explicaron algo de unos hombres que llevaban chumbos - nos transmite Watson - tal como los mercenarios de la selva que, a lo largo de los años setenta, ochenta y noventa, han colaborado con los intereses públicos y privados que consideran imprescindible masacrar a los hombres, mujeres y niños de las tribus originarias, aniquilando sus culturas y destruyendo la biodiversidad para hacer de la selva amazónica un cementerio productivo.
Fue mientras estaba ocupada en ponerse al tanto de la realidad de los Akuntsu que le hablaron de la existencia de un indígena solitario que no aceptaba entrar en contacto. El Hombre del buraco, como lo conoce la gente de FUNAI - la Fundación Nacional del Indígena, organismo del gobierno de Brasil a cargo de las problemáticas de los pueblos originarios de ese país - había sido atacado por intrusos desconocidos... en el momento apropiado. Al igual que los Akuntsu, se supone que el Hombre del Agujero es un sobreviviente de aquellas mismas masacres perpetradas cuando las obras de infraestructura permitieron el acceso a la selva de Rondonia y comenzaron los desmontes - des selves sería más correcto decir - que transformarían el bosque lluvioso de la Amazonia en amplias praderas para la cría de ganado y el cultivo de la soja.
Los árboles cayeron, el sotobosque ardió, los sapos y las mariposas, las culebras, los pájaros y los tapires recularon hacia las sombras que todavía podían protegerlos y las almas humanas que intentaron o que ni siquiera tuvieron oportunidad de defender la selva que habían cuidado por siglos o milenios según su propia manera de vivir y las necesidades para su sustento, fueron barridas a chumbazos antes que reclamaran sus derechos. Hoy la FUNAI, se ocupa de la protección de las comunidades indígenas, de la conservación de sus tierras y del seguimiento de sus vidas, aún cuando no deseen contactarse con nosotros, los así llamados blancos, a fin de proveer a su sostenimiento.
El Hombre del Agujero - por fin llegamos al punto - vive en Tanarú, unos 40 kilómetros al noroeste de los Akuntsu, en una Zona de Restricción de Uso de unas 8000 hectáreas a las que no está permitido entrar sin autorización de la FUNAI. Cada dos o tres años esa Restricción de Uso debe ser renovada y así lo cumplió la FUNAI en la fecha correspondiente, 27 de octubre de 2009, muy a pesar de los cinco hacendados que rodean esa pequeña porción de selva y que quieren que nuestro hombre sea trasladado para echar su zarpa sobre lo que va quedando. A penas se firmó la renovación, el Hombre del Agujero fue atacado y su ranchito - llamémoslo así hasta que aprendamos algo más sobre las comunidades amazónicas - violentado, informa Fiona Watson.
Este hombre que vive solitario en la selva de Rondonia cava pozos de varios metros de profundidad que utiliza para esconderse cuando los intrusos hacen peligrar su vida o coloca en ellos palos puntiagudos para cazar animales. Se supone que vive solo - es difícil hacer afirmaciones absolutas, explica Watson - porque su casa es pequeña y porque es lo que ha visto la FUNAI. Cultiva mandioca en su huerta, frutos y vegetales y guarda en su casa madera, agua, cáscaras de frutos para hacer fuego y resinas de la corteza de los árboles.
Se levantará, seguramente, con el sol y carpirá su huerta, pelará sus mandiocas y las cocinará, pescará según su tradición artesanal, juntará agua en el río y recogerá ramas gruesas que encuentre en el camino. Por la tarde se sentará a la orilla del claro donde construyó su refugio para tallar pacientemente sus instrumentos de labranza, sus lanzas y sus flechas y tensará las ramas más flexibles y resistentes para fabricar el arco con el que, siempre alerta, acompañará su andar descalzo.
Al atardecer se asomará a las lindes de su querencia para espiar ese mundo prolijo de sojas y animales cuernados que lo acecha.
Al atardecer se asomará a las lindes de su querencia para espiar ese mundo prolijo de sojas y animales cuernados que lo acecha.
Nadie lo nombra y tal vez tampoco se nombre a sí mismo. Me pregunto qué habrá visto en el momento de su vida en que los suyos desaparecieron, con qué pavor se habrá escondido, entre qué espasmos y tembladeras habrá escapado de la masacre o qué agonías inevitables habrá acompañado, abrumado por la impotencia o, muy al contrario, por la conciencia sabia de lo inexorable.
Una única imagen existe del Hombre del Agujero. La tomó el cineasta Vincent Carelli mientras filmaba Corumbiara, un documental sobre las masacres perpetradas en la Amazonia. En un intento de contactarlo, se intuye entre el follaje la sombra de su rostro. La cámara se acerca velozmente para mostrar la cara morena que apenas se deja ver por un hueco entre las hojas, sin sobrepasar el límite del follaje. Tras su expresión tal vez de miedo o de ansiedad curiosa, empuja su lanza que va avanzando desde el hueco hacia nosotros, gira hacia izquierda y derecha con despaciosidad amenazante, retrocede a la oscuridad de la selva y desaparece. Está claro que no quiere lolas con este lado de la linde y la FUNAI ha de respetar su derecho al no contacto según la política iniciada por el sertanista Sydney Possuelo, que fue director del Departamento de Indígenas Aislados de la FUNAI hasta que la devoción por su labor chocó con decisiones gubernamentales que consideró iban en detrimento del futuro de las comunidades a su cargo.
Queda girando en el aire esa arma ingenua que amenaza, ultimátum de la gente de la selva que defiende su vida y su hábitat, pero queda frente a mí, como un puente, una cuarta, una mano expectante.
jueves, 28 de julio de 2011
Leyenda triste de una manzana
No soy una persona a la que los dioses le hayan dado especiales dotes para la ciencia aplicada. Toda la matemática, la física, la química y disciplinas similares siempre han sido un arcano para mi (el mayor, la teoría de las cuerdas, el Big Bang y esas cosas. Es como si me hablaran en klingon -tampoco soy un trekkie :-P). La mayoría de las veces me han aburrido bastante. De todos modos, estoy seguro de que ha sido culpa de malos profesores...
Una cosa que si me gusta son las historias, y en particular las que acaban mal. Los finales felices, por lo general, son aburridos y previsibles. Y esta historia acaba mal, con un epílogo sorprendente que en realidad es lo que ha inspirado esta entrada. Si, la introducción quizás ha quedado larga. Te aguantas ;-).
A Alan Turing se le considera uno de los padres de la informática. Su gran historia empieza el año 1938. Ese año se estrenó su película preferida: Blancanieves y los siete enanitos. Estaba fascinado con la película de Disney hasta el punto de ir a verla regularmente al cine. Además, ese mismo año fue reclutado para trabajar en Bletchley Park, un edificio señorial en Buckinghamshire, puesto al que se incorporaría en 1939. Turing vivía en una pensión cercana y todos los días acudía a su puesto de trabajo en su bicicleta estropeada. Su carácter era distante y odiaba que el resto de sus personas se acercase a sus cosas. Quizá por ello nunca dejó de usar su bicicleta estropeada, ya que era un vehículo que pocos más habrían podido manejar. Cuando la utilizaba, sus vecinos y compañeros observaban como a veces Turing se bajaba de ella y movía la cadena. Es muy probable que pocos de ellos conocieran el motivo. Se cuenta que la bicicleta tenía un eslabón de la cadena torcido y un radio de la rueda medio suelto. Por separado estos problemas no impedían que la bicicleta funcionase con normalidad pero cuando eslabón y radio coincidían en una determinada posición, la cadena se salía. Turing había calculado la frecuencia con que esto sucedía y contaba mentalmente las revoluciones mientras paseaba en su bicicleta, cuando se acercaba al número en que ambos fallos coincidían se bajaba y volvía a poner la cadena a cero. Alan Turing tenía la típica imagen de científico retraído pero genial que podemos imaginar. No hablaba con mujeres a no ser que fuera de fórmulas matemáticas, se centraba en su trabajo todo el día, siempre en su mundo de números y ecuaciones. En eso era el mejor.Turing construyó una máquina de cálculo para usarla en la ruptura de los códigos Enigma, la poderosa máquina de cifrar de los alemanes que trajo en jaque a los aliados. La lucha de los criptoanalistas de Bletchley Park contra la máquina Enigma alemana duró prácticamente toda la guerra.La labor de Turing durante los años de la guerra fue, sin duda, la que más contribuyó a supremacía aliada frente al eje en cuestiones de criptoanálisis. Si el Profe (como le llamaban en Bletchley Park) no fue decisivo para la victoria aliada, es seguro que sin él esta victoria habría tardado bastante más en llegar.
Tras la guerra, Turing se embarcó en el proyecto de construir el primer computador digital. Sin embargo, su poca labia y su apariencia desaliñada le sirvieron de poca ayuda a la hora de conseguir subvenciones siendo un proyecto de John Von Neumann el que finalmente se llevó a cabo. Hoy en día los ordenadores que usamos son evoluciones, todos ellos, de la máquina de Neumann, no de la de Turing. Sin embargo, aunque Neumann pudo diseñar y construir su máquina gracias a las ideas de Turing, las contribuciones de éste no fueron reconocidas hasta la década de los noventa.
A Turing pareció importarle poco que fuera el diseño de Newman y no el suyo el que fue llevado a la práctica finalmente. Dicen los expertos que siguió trabajando y publicando, y que puso las bases para lo que hoy conocemos como Inteligencia Artificial.
Una de las mas brillantes mentes del siglo XX, un genio reconocido que además había salvado la vida a miles de personas ayudando a romper los códigos alemanes, uno de los padres de la informática, veía como caía sobre el una horrible condena, que estaba deformando su cuerpo, simplemente por acostarse con quien no debía según las leyes de su pais. Sus compatriotas, aquellos a quienes había ayudado más que ningún solo hombre a ganar la gran guerra, se permitían el lujo de cuestionar su vida privada y condenarlo por ella.
Turing tenía claro que aquella no era la vida que él quería vivir. No consideraba lógico mentir sobre algo tan trivial como su sexualidad y no estaba dispuesto a vivir toda su vida con aquellas inyecciones de hormonas. Él eligió su propio camino. Un día de 1954, inspirándose en su película preferida, compró una manzana y se encerró en su casa. Subió a su estudio, roció la manzana con cianuro y le dio un bocado. El Profe murió como quiso.
Casualidades de la vida, una manzana (¿la manzana de Turing? Yo creo que si) está muy presente en nuestras vidas.
Casualidades de la vida, una manzana (¿la manzana de Turing? Yo creo que si) está muy presente en nuestras vidas.
lunes, 11 de julio de 2011
Versos soñadores 2: "Poema XX", Pablo Neruda
Siempre me gustó
Claro que todo en el poema "Puedo escribir los versos más tristes..." de Neruda es sencillamente sublime.
"Y el verso cae al alma como al pasto el rocío"
Claro que todo en el poema "Puedo escribir los versos más tristes..." de Neruda es sencillamente sublime.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

